Los Museos y la Iluminación de Obras de Arte

Los Museos y la Iluminación de Obras de Arte

La iluminación puede presentarse de infinitas formas, que condicionan el resultado final de la obra que vamos a contemplar.

Aquí te contamos la importancia de la iluminación para la contemplación adecuada de una obra de arte.

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EL ESPECTADOR

El artista francés Marcel Duchamp (1887-1968) dijo en una ocasión:

“Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”.

Y sin la luz que los ilumina el espectador no podría contemplar las obras de arte de éste o de otros muchos grandes pintores y artistas.

LA ILUMINACIÓN DEL MUSEO

La iluminación puede presentarse de infinitas formas, que condicionan el resultado final de la obra que vamos a contemplar.

La elección de la misma puede cambiar totalmente la percepción que tengamos de un cuadro. Para ello la luz es elegida, medida, dirigida, degradada, polarizada… con el fin de conseguir un efecto determinado, según el entorno donde se encuentre, bien sea un museo, una biblioteca, o un espacio privado.

Como ya se ha indicado, la luz hace visibles las obras de arte pero también puede dañarlas irreversiblemente.

Hace más de un siglo los científicos Abney y Russell demostraron la capacidad de la luz para alterar el estado de las obras de arte, soportadas o constituidas parcial o totalmente por materiales orgánicos.

La luz, ya sea natural o artificial, lleva asociada una energía que es capaz de desencadenar reacciones químicas que pueden llegar a modificar irreversiblemente las propiedades físicas de muchos materiales y de propiciar condiciones ambientales desfavorables para la conservación de las obras de arte.

LOS EFECTOS DE LUZ

Los agentes deteriorantes producidos por la luz son dos, el efecto fotoquímico y el efecto térmico.

a luz cuenta con una parte de radiación electromagnética que va acompañada de otras radiaciones no visibles. La radiación no visible por encima de los 760 µm de longitud de onda, o radiación infrarroja (IR), se caracteriza por los efectos térmicos que produce y las consecuentes reacciones físicas y químicas que puede ocasionar.

En otro extremo, las radiaciones de longitud de onda inferior a los 400 µm, o la radiación ultravioleta (UV), poseen energía suficiente para ocasionar reacciones químicas en los materiales más inestables, principalmente pigmentos y sustancias de origen orgánico.

Para controlar estos factores y evitar el posible deterioro de las obras de arte, han de usarse lámparas de espectro de emisión adecuado y se han de adoptar unos niveles de iluminación de referencia. Según los estudios científicos se establecen los siguientes límites:

-Iluminación máxima de 50 lux para objetos especialmente vulnerables, como acuarelas, tejidos, materiales teñidos, pigmentos procedentes de sustancias animales o vegetales, grabados en color, dibujos, fotografías en color, pergaminos, colecciones de ciencias naturales, etc.

-Iluminación máxima de 750-200 lux para objetos de sensibilidad media, como grabados en blanco y negro, fotografías y material de archivo, materiales orgánicos no pintados, policromías, pinturas al óleo y acrílicas, materiales pintados y lacados, marfil, etc.

-Iluminación máxima de 300 lux para objetos de baja sensibilidad a la acción de la luz, como cerámicas, porcelana, vidrio, etc.

La iluminación en un museo o edificio histórico debe resolverse de forma que exista un equilibrio entre la luz, el objeto y el observador, para que el proceso visual funcione correctamente.

La luz no sólo es necesaria para ver las obras de arte, sino que debe ayudar a percibir las máximas posibilidades de la obra al contemplarla.

El diseño de iluminación es una de las tareas más complejas y habitualmente peor resueltas en los museos, exposiciones temporales.

LA INFRAESTRUCTURA DE LA LUZ

Desde la elección de una fuente de luz y de la óptica que va a modular la emisión de su flujo luminoso, hasta presentaciones aparentemente insignificantes de las infraestructuras eléctricas, como el cableado, cuadros eléctricos…van a determinar si una instalación está o no, en condiciones de servir a los requisitos de conservación y exposición de las obras.

Un caso frecuente es encontrar en los grandes museos y salas de exposiciones magníficas salas con precarios e inflexibles sistemas de soporte para la iluminación y, sin embargo, con un potente sistema de iluminación mediante proyectores.

La iluminación a base de focos se realiza normalmente en carriles eléctricos, es conveniente que estos carriles sean trifásicos, con alguna de las fases a cuadro.

Estos focos deben estar repartidos de forma que cualquier punto de la sala sea accesible, y deben contar con mecanismos que permiten su movimiento en altura.

Los cuadros eléctricos deben estar ocultos pero próximos al recinto expositivo, de modo que las manipulaciones (regulación, encendidos, etc.) puedan realizarse sin dificultad.

LA GESTIÓN DE LA LUZ

Como en todas las instalaciones, la iluminación proyectada en museos requiere de un mantenimiento.

A la hora de concebir un proyecto nunca se debe realizar al margen de esta consideración, de la que depende en definitiva el resultado visual final.

Un caso habitual en grandes museos y salas de exposiciones es que el equipo que maneja las instalaciones de alumbrado no conoce todas sus posibilidades, por lo que el rendimiento económico y luminotécnico es mínimo y la inversión en la mayoría de los casos no es justificada.

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